top of page
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram

LA PIEZA
CLAVE

Tan solo un 5% de los centros educativos españoles incluyen la educación emocional en sus programas, una herramienta "clave" para saber gestionar las emociones y hacer frente al aumento de trastornos mentales y conductuales, que se han triplicado desde 2019. 

autora.png

Patricia Carballo Nieto

Carla tenía 10 años cuando fue víctima de acoso escolar. Todavía hoy, dos años más tarde, su padre, Álvaro Ingelmo, confiesa que a su hija le cuesta salir del mundo paralelo en el que se refugió. Sus acosadores no tenían educación emocional. El centro educativo, tampoco. Ni Carla, que no supo cómo afrontarlo.

Tras la pandemia el estado anímico de Iván -nombre ficticio para proteger su identidad- decayó: el niño se había apagado, vivía triste y con ansiedad. No se habituaba al ritmo de su escuela. No comía. Sus padres no fueron plenamente conscientes de la magnitud del problema que vivía su hijo hasta que se echó a llorar a moco tendido porque se le había olvidado comentar que tenía una excursión en el colegio, necesitaba un euro y medio para y solo tenía uno. Iván, el menor de los hijos de Vidal Lorenzo creía que su profesora le reñiría y le castigaría.

Álvaro Ingelmo

Vidal Lorenzo

Padre de Carla, niña que sufrió bullying

Padre de Iván, niño que sufrió ansiedad en el colegio

vidal2.png

“Necesitamos una educación que realmente mire por

el sistema emocional de los niños”

00:00 / 01:10
00:00 / 01:39

Educación emocional

                     pedagógico para desarrollar y entrenar las competencias que engloba la inteligencia emocional

Proceso

Inteligencia
o gestión 
emocional

                           de ser consciente de las emociones propias (y gestionarlas) y de las ajenas

Capacidad

IMG_20221129_201116-01_edited.jpg

En plena algarabía de la Calle San Felipe, centro de Valladolid, hay un rincón de calma. Uno de los habitáculos de esa calle es el lugar donde muchas personas intentan centrarse en su presente, perdonar su pasado y redirigir su futuro. El océano es la clave del lugar, infinito, a veces en tempestad, a veces en calma. María San Miguel, psicóloga sanitaria en Océane Psicólogos, es quien lleva el timón del barco.

San Miguel considera que la educación emocional es “clave” para padres, niños y profesores. Estos últimos, sobre todo, para proporcionar estrategias adecuadas a los alumnos, identificar trastornos mentales o conductuales, e incluso prevenir situaciones de acoso escolar o suicidio, según indica Save The Children.

 

Sin embargo, es consciente de que, en realidad, hay “muy poca” educación emocional. Tan solo un 5% de los centros españoles incluyen esta pieza en su puzle educativo.

La Primaria no deja de ser el preludio de la Secundaria y, por tanto, María considera importante proporcionar herramientas a los niños para que después, durante la Secundaria -a la que define como una “jungla absoluta”-, sepan desenvolverse mejor.

El grado de sensibilidad en los colegios en educación emocional es alta, es decir, existe concienciación, pero son muy pocos los docentes que lo llevan a la práctica.

Vidal Lorenzo define a su hijo Iván como un niño que siempre ha sido muy activo, y que no se ajustaba al ritmo de su antiguo colegio. La psicóloga María San Miguel puntualiza que a su consulta llegan numerosos casos de niños por problemas conductuales. Para ellos es imposible estar sentados una media de cinco horas al día, “es una exigencia”.

Para Iván el punto de inflexión llegó con la reincorporación a las aulas tras la pandemia. “Ahí es donde apareció el problema de ansiedad”, afirma su padre. 

Los cuadros ansioso-depresivos y los diagnósticos de trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se han triplicado o incluso cuatriplicado en menores desde 2019, época pre-pandemia. De igual forma, los comportamientos suicidas han aumentado hasta casi un 60%, ha alertado la Asociación Española de Pediatría (AEPED), y el suicidio se sitúa como tercera causa de muerte entre los jóvenes españoles, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Este aumento de los trastornos mentales y conductuales es la consecuencia de la falta de recursos en niños y adolescentes para poder enfrentarse a situaciones emocionalmente intensas. Es decir, carecen de inteligencia emocional para poder gestionar sus emociones. 

IMG_5325-01.jpeg

El suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes españoles por detrás de accidentes de tráfico y tumores, según el INE

Elaboración propia. Fuente: Save The Children

IMG_5329-01.jpeg

La educación emocional era escasa antes de la pandemia, pero después de haber atravesado una crisis sanitaria mundial, se ha puesto sobre la mesa el grave problema que supone no tener herramientas para gestionar las emociones.

El colegio, un segundo hogar

Save the Children considera esencial la detección y prevención de problemas de salud mental en las aulas, ya que son, junto con el hogar, el escenario donde más tiempo pasan los niños y adolescentes.

Los profesores son factores determinantes en la autoestima de los alumnos y, como si de una cadena se tratara, la ausencia de autoestima en los niños se relaciona con el bajo rendimiento escolar, el acoso y los cuadros de depresión y ansiedad.

Vidal Lorenzo, padre de Iván, duda a la hora de escoger las palabras para definir a la profesora del antiguo colegio de su hijo: “demasiado punitiva, exigente y reactiva con los niños”. Iván vivía preocupado. Vidal explica que era habitual castigar sin recreo a los niños si, por ejemplo, no acababan los deberes durante la clase.

Francisco Mora, Doctor en Medicina y Neurociencia, afirma en su libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama que hay profesores que destacan por un brillante conocimiento académico y, sin embargo, fallan a la hora de enseñar por falta de empatía y habilidades de comunicación social. El resultado, indica Mora, es la pérdida del interés por el aprendizaje. Sucede lo mismo de forma viceversa: maestros cuyo fuerte no es precisamente el conocimiento en las materias, pero gracias a sus habilidades comunicativas y empáticas son capaces de inspirar a los niños o despertarles la curiosidad.

IMG_5419-01.jpeg

Érase una vez…

La gestión emocional en la Ley

La inteligencia emocional debería tener importancia en el contexto actual dado el aumento de casos de ansiedad y depresión. “Muchos especialistas consideran que debería existir un entrenamiento desde el colegio”, ya que, de lo contrario, es probable que muchas personas jamás lleguen a desarrollar habilidades emocionales, según el Ministerio de Sanidad. 

El sistema educativo español está regido por la LOMLOE, Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación.

Por primera vez se incluye en una ley educativa, LOMLOE, conocida como Ley Celaá, las expresiones “gestión emocional” como uno de los principios pedagógicos en los ciclos de infantil, y "educación emocional" en Primaria. 

Elaboración propia. Fuente: LOMLOE y Ministerio de Sanidad

Más de 100 años educando emocionalmente...

IMG_5169.JPG

“La pedagogía es un arte”

Rudolf Steiner

Si pudiéramos retroceder en la historia hasta 1919 y viajáramos hasta Stuttgart, Alemania, podríamos presenciar la apertura de la primera escuela Waldorf. No estaríamos ante la inauguración de un centro más, sino que podríamos advertir que este era un primer peldaño en la educación emocional.

Tal vez podríamos hablar con Rudolf Steiner, el creador de la pedagogía Waldorf, y nos comentaría que, para él, lo más importante no era formar trabajadores, sino seres humanos que fueran los directores de su propia vida.

En 1994, en el 44º Congreso Internacional sobre Educación, esta pedagogía fue calificada por la UNESCO como “la Pedagogía del siglo XXI”.

En 100 años las escuelas con este tipo de educación se han reproducido hasta convertirse en uno de los movimientos escolares alternativos con mayor influencia a nivel internacional con más de 1100 escuelas Waldorf y 2000 jardines de infancia en 80 países diferentes.

En España existen más de 77 centros educativos, contando asociados, amigos e internacionales.

Elaboración propia. Fuente: colegioswaldorf.org

IMG_20221028_092446.jpg

Steiner quiso desmarcarse y analizar qué necesita el niño en cada etapa para desarrollarse de una manera equilibrada. Todo lo que suceda en la infancia de los 0 a los 6-7 años marcará la vida del niño. Quizás no recuerde exactamente qué sucedió, pero el hecho pasará a formar parte de la memoria implícita. Para entender qué es la memoria implícita imaginemos a un niño de seis años que tiene pavor a los fuegos artificiales. Él no recuerda en qué episodio de su pasado comenzó a temerlos, es decir, no recuerda la historia, pero guarda la sensación del miedo, y ante eso actúa, por ejemplo, escondiéndose bajo la cama cuando escucha el ruido. 

Esta memoria implícita se va llenando "apenas unas horas tras nacer", según indica el neurocientífico Francisco Mora en su libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama. La influencia esencial de la emoción y la empatía en los niños para aprender en los colegios.

Los primeros años de vida son la época de la infancia dorada, tal y como los califica Thurit Armbruster, directora del colegio Waldorf El Puente Azul, en Valladolid.

Thurit es el cimiento de esta escuela, su alma, su esqueleto. Su historia siempre estuvo vinculada a la pedagogía Waldorf y, de hecho, su tía fue una de las fundadoras de la primera escuela Waldorf en España. Un viaje de Thurit a Alemania permitió que pudiera vivenciarlo de primera mano. Fue entonces cuando nació su deseo de abrir una escuela de pedagogía alternativa en Valladolid. El proceso fue "duro", cuenta, pero no hay más que verla sonriente mientras pasea por el camino de tierra que une ambas partes del colegio para darse cuenta de que mereció la pena.

“La educación emocional está en todo el quehacer diario”

Thurit Armbruster

No existe una asignatura específica de educación emocional en las escuelas Waldorf, sino que está integrada “en todo el quehacer diario”, explica Thurit Armbruster, directora del colegio Waldorf El Puente Azul, en Valladolid.

Algo tan sencillo como inaugurar la jornada escolar dando la mano al alumno, saludándole por su nombre y preguntándole cómo está ya puede ayudar al maestro a entender en qué estado emocional se encuentra el menor.

Es importante la escucha activa, la mirada atenta, tomar en serio lo que el niño dice, por ejemplo, cuando se acerca a su maestro -al que denomina de forma cariñosa y respetuosa con el tratamiento de don o doña- para enseñarle sus avances en el cuaderno, el error que ha cometido mientras tejía su calcetín o cuando le duele la barriga o la cabeza.

“Toda la educación emocional está entreverada en nuestro currículum, en nuestra manera de entender lo que es la educación, que es una mirada sobre el desarrollo evolutivo del ser humano”, comenta Thurit.

IMG_5119.JPG

“El niño muestra un momento emocional, y la maestra lo recoge”

Thurit Armbruster

Carla e Iván, los hijos de Álvaro y Vidal respectivamente, llegaron a El Puente Azul y sus padres pudieron ver con perspectiva el cambio que supuso en los niños el nuevo ritmo de trabajo y, sobre todo, la parte emocional que desarrolla la pedagogía Waldorf. “Si estás presionando al ser humano el aprendizaje se bloquea, como si se cerrara el estómago, y no se puede asimilar nada”, explica la directora del centro.

Vidal Lorenzo, padre de Iván, asegura que el cambio de su hijo “hay que verlo para creerlo”. Afirma que el estado de ánimo de su pequeño no es que sea diferente, sino que “es el contrario”.

Pasó de no querer comer y de estar “como esa cuerda”, dice mientras señala el hilo que sujeta los farolillos rojos de la clase de tercero y cuarto, a “comer como una lima”. No obstante, las consecuencias de su problema emocional -que somatizó a físico- perduran en la actualidad: Iván tiene problemas en los dientes y debe llevar un tratamiento médico.

IMG_5414-01.jpeg

“Solo queda

la ansiedad”

María San Miguel

El círculo vicioso en la educación

Salud mental y rendimiento académico

Tienes siete años. Te levantas a las 7:30 horas. Además de pasar unas seis horas de media en el colegio tienes que quedarte allí a comer o tienes clases extraescolares. No llegas hasta las 19:30 horas a casa, y tienes que ponerte a hacer los deberes, ayudar en casa, bañarte, cenar e irte a dormir.

Esta es la rutina de muchos niños, y la psicóloga María San Miguel la califica de “agotadora”. En el día a día de los menores, ¿dónde está el tiempo de juego?, se pregunta. “Sin un espacio de liberación mental, ¿dónde está la tranquilidad? Solo queda la ansiedad”, sentencia.

La salud emocional está estrechamente ligada con el rendimiento académico: el fracaso escolar puede iniciar problemas en el área emocional, y estos, a su vez, producen un incorrecto rendimiento escolar. Es decir, se convierte en un bucle de retroalimentación.

María San Miguel señala dos formas básicas de reaccionar ante un malestar. Imaginemos un malestar ante unas malas notas, una mala relación con el resto de compañeros o una desaprobación del profesor. En estas situaciones el menor puede reaccionar de forma pasiva: miedos, baja autoestima, sumisión con respecto a los compañeros, etc. Son los casos que más llegan a su consulta. Pero también se puede responder ante ese malestar de una manera activa: conversión del dolor en enfado, rechazo al resto, menosprecio de los compañeros para sentirse mejor, mal comportamiento, etc.

La directora del colegio Waldorf El Puente Azul, Thurit, lamenta que hayan tenido que llegar niños de otros colegios “bastante hechos polvo” por no poder ajustarse a un determinado ritmo. María San Miguel considera de “cierta preocupación” el aumento “peligroso” de la exigencia a la que los niños se ven sometidos en las escuelas, aunque, matiza, “no todos los colegios son iguales”.

Es decir, aumenta la exigencia y no hay herramientas para...

"Niños hechos polvo"

IMG_5392-01.jpeg

La ansiedad es una consecuencia habitual en el contexto previo a realizar un examen y durante su realización, tal y como señalan en un estudio el investigador Carl F. Weems y la profesora Leslie K. Taylor.

El nivel de ansiedad ante exámenes realizados en sexto de Primaria es más elevado que en tercero y cuarto. Es decir, la ansiedad aumenta a medida que se pasa de curso, y podría deberse a una mayor exigencia, más tiempo realizando deberes en casa y mayor presión por conseguir un rendimiento académico óptimo, según el artículo Ansiedad ante los exámenes en estudiantes de educación primaria: diferencias en función del curso y del género (2019).

"Volver a ser niños"

En 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una advertencia: España tenía un problema con la tarea que los docentes encargaban a sus alumnos fuera del horario escolar. Era demasiada. Algunos colegios comenzaron a limitar los deberes a las horas de clase; otros, sin embargo, continúan enviando tarea a casa, olvidando ese espacio de liberación mental que explica la psicóloga María San Miguel. 

La LOMLOE ha modificado la forma de trabajar de los menores y los aspectos de evaluación, sin embargo, hay familias que todavía no han notado ninguna variación con respecto a otros años. Cinco madres de distintas Comunidades Autónomas, cuyos hijos acuden a colegios de pedagogía tradicional, cuentan si perciben alguna diferencia tras la entrada en vigor de la nueva ley educativa. Algunos niños continúan viviendo en su día a día exigencia, es el caso de una madre de Castilla y León que destaca que su hija "no tiene tiempo para ella misma". Otras madres, como la de la Comunidad Valenciana, comienzan a notar un cambio. Y para otras, como la madre navarra, ha supuesto una alteración muy abrupta pasar "de todo a nada".  

Álvaro Ingelmo, padre de Carla, también tiene algo que decir con respecto a la exigencia en deberes y exámenes. Se muestra tímido en un inicio. Ha manifestado que las cámaras no son lo suyo, pero cuando el piloto rojo ya marca que está grabando y comienzan a sucederse las preguntas, coge soltura. 

Carla pasó de tener una rutina de deberes diaria, de estar toda la tarde con ella, bien su padre Álvaro, su madre, los abuelos o incluso profesores particulares, a tener los deberes “justos y necesarios”, es decir, repasar lo que habían visto ese día. Además de la parte más puramente emocional, su padre explica que “la principal diferencia que hemos notado nosotros es que vuelven a ser niños, dejan de ser máquinas de currículum”.

En la pedagogía Waldorf no hay exámenes ni calificaciones, sino que se basan en otras formas de evaluar. De hecho, el día a día allí es muy diferente.

Durante toda la mañana los niños están realizando exámenes, pero no con papel, boli y nota. Por ejemplo, los docentes evalúan si el menor ha adquirido el conocimiento del temario en las partes rítmicas, donde trabajan contenido curricular. Es una evaluación continua, y prima el contacto con la familias. “Cuando ves que un niño va renqueando vas haciendo un acompañamiento para ver qué está pasando”, afirma Thurit, la directora de El Puente Azul.

cooperación.png

Los estudiantes tienen un mayor riesgo de desarrollar ansiedad si sus centros educativos dan demasiada importancia a las calificaciones y competitividad en el aula, y si sienten que no son capaces de llegar al mismo nivel que sus coetáneos, según determinó el último informe PISA que se centró, entre otras cuestiones, en la ansiedad ante el estudio y los exámenes.

Para la psicóloga María San Miguel hablar de competitividad es como abrir un melón, todo un dilema. Por un lado, hay expertos que consideran que la vida se rige por la ley del más fuerte y, por tanto, no sirve de nada crear niños débiles.

Pero para María no funciona así. La competitividad únicamente aporta a los menores una mayor autoexigencia, un “no llego a la expectativa” de forma constante y una ansiedad tremenda. “Yo no lo considero positivo”, asegura.

Matiza que, en entornos controlados y realizando una lectura entre líneas, podría ser considerado como positivo. “Por ejemplo, en el deporte, pero siempre y cuando se gestione la deportividad, que es algo que no se hace”, reconoce.

“Todo aquello que forzamos lo acabamos aberrando”

María San Miguel

La introducción de conceptos de forma prematura

El dilema de la lectoescritura

Aprender a leer antes o después de los seis años sigue siendo un debate muy presente en el que se ven involucradas las escuelas Waldorf. En infantil, en sus aulas, no existen las fichas de lectoescritura. Los menores no aprenden a leer y escribir hasta que no están en primero de Primaria.

 

 

 

La LOMLOE señala que la Educación Primaria, la Educación Secundaria Obligatoria y los ciclos formativos de grado básico constituyen la enseñanza básica, que comprende diez años de escolaridad y se desarrolla entre los seis y los dieciséis años de edad.

La Ley perfila en el artículo 12 la Educación Infantil como una educación con carácter voluntario. Es decir, la escolaridad no es obligatoria hasta los seis años.

La lectura y escritura son contenidos referentes a la Educación Primaria. Sin embargo, sí menciona un acercamiento a la lectoescritura durante la etapa infantil, en concreto la LOMLOE menciona que las Administraciones educativas "podrán favorecer una primera aproximación a la lectura y a la escritura", pero sin que sea exigible para afrontar Educación Primaria. Esta ha sido una de las modificaciones que ha sufrido la LOE, que recogía en su articulado que las Administraciones "fomentarán una primera aproximación a la lectura y a la escritura". Sin embargo, la LOMLOE lo regula con un carácter facultativo: "podrán favorecer"

“La Ley nos ampara”

Thurit Armbruster

IMG_20221127_131153-01_edited.jpg

“Es una cuestión de madurez, no de inteligencia”

Thurit Armbruster

En el jardín de infancia de los colegios Waldorf los niños, sobre todo aquellos que ya van a pasar a Primaria, realizan varias actividades enfocadas a ese acercamiento del que habla la Ley. “No tiene por qué ser el aprendizaje de las letras y los números, porque eso lo aprenden de una manera natural. De hecho, en nuestras clases de infantil los niños saben contar, con cinco años ya saben escribir su nombre… porque les da curiosidad”, explica la directora de El Puente Azul

Una de las actividades que más despierta la curiosidad de los niños es la realización de un telar, donde se sientan las bases de la lectura, la escritura, la concentración y la visualización.

Cuando los conceptos se introducen de manera prematura, puede provocar que los niños lleguen a Primaria sin interés ya que “se le ha agotado” adelantado contenidos propiamente de Primaria, asegura Thurit. Además, también puede causar rechazo, miedo y problemas que le perseguirán durante toda su vida académica.

La psicóloga María San Miguel afirma que todo aquello que fuerce el ritmo natural del niño supondrá que este se sienta insuficiente. El menor puede llegar a desarrollar una baja autoestima y alta exigencia, además de ansiedad. “Todo aquello que forzamos, lo acabamos aberrando”, comenta.

Francisco Mora, Doctor en Medicina y Neurociencia, abordó esta cuestión en la conferencia Drawing ED. Las distintas zonas del cerebro que codifican para la lectura maduran en cada niño a una edad diferente. No obstante, advierte que a los siete años todos los niños han madurado lo suficiente como para “encontrar el placer de aprender a leer”.

Mora explica que “un niño sufre a los cuatro, a los cinco, y algunos a los seis años" para el aprendizaje de la lectura. Thurit afirma que no se trata de inteligencia, sino de madurez, “de saber ver qué necesita el niño en cada etapa”.

El niño durante los primeros años de su vida tiene que aprender a través del movimiento y del juego, al que Thurit define como la expresión máxima de la esencia de la infancia. Tiene que descubrir e interactuar con el mundo, en sintonía con el descubrimiento del entorno del que habla la actual ley educativa. 

El trabajo de los niños

El juego está reconocido como uno de los derechos fundamentales del niño, muy importante para un desarrollo sano, pero "desgraciadamente está muy amenazado", afirma Thurit. La psicóloga María San Miguel asegura que el juego es absolutamente “imprescindible”, dado que es una representación y ensayo de la vida donde tienen cabida sus miedos, ilusiones, proyectos, etc.
"Si un niño ha estado una tarde en el pediatra, al día siguiente es muy fácil que aparezca el juego del pediatra durante la clase", explica la directora de El Puente Azul. Lo que ha recibido de forma pasiva lo reproduce de forma activa y él se convertirá en el pediatra.
En las aulas de infantil de la pedagogía Waldorf la asignatura principal de los niños es el juego libre, afirma Thurit, que lo considera “la antesala del aprendizaje de la vida”. Jugando se aprenden normas sociales, respeto, con qué tipo de personas se llevan mejor e incluso hasta dónde pueden llegar los límites, explica la psicóloga. 

IMG_5399-01.jpeg

A través de la dinámica del juego también se desarrolla la capacidad empática, esencial para adquirir otras competencias emocionales como la escucha activa o la comunicación. Sin embargo, la asignatura suspensa de los alumnos es la empatía,  según los docentes que participaron en el I Estudio Nacional sobre la Educación Emocional.

El estudio Empatía en niños de 11 a 12 años. Una comparación entre pedagogía Waldorf y pedagogía tradicional demostró que los alumnos que se habían formado en pedagogía Waldorf obtuvieron una puntuación más alta en empatía que aquellos que habían acudido a un centro con pedagogía tradicional.

Existe una relación entre empatía y situación de acoso escolar: cuanto menor es la primera, mayor probabilidad existe de que se participe en una situación de bullying, según el estudio La empatía y su relación con el acoso escolar.

IMG_5409-01.jpeg

3 de cada 10 españoles han tenido constancia de alguna situación de bullying, incluyendo el ciberbullying, en el centro educativo de sus hijos según el II Estudio sobre la percepción del bullying en la sociedad española ‘Dilo todo contra el bullying’ (2021).

El acoso escolar es “mucho más normal de lo que nos gustaría”, asegura la psicóloga María San Miguel. Al hablar de bullying hay que referirse a la falta de educación emocional, de sensibilización, de implicación del profesorado, de aplicación de protocolos, entre otros, señala la profesional.

“En todas las clases hay dos o tres niños que no se han adaptado correctamente”, afirma María. Considera que hay “poca dinámica” y “pocos protocolos” para fomentar una adaptación correcta.

María explica que la clase se convierte en un entorno muy cerrado, ya que únicamente tienen relación con esos niños. “Si no te ves encajar en esas 30 o 60 personas, te da la sensación de que no encajas con el mundo, cuando el mundo es mucho más amplio que eso”, explica.

IMG_5401-01.jpeg

El conflicto forma parte de la vida; los límites, también

Tener más o menos empatía o educación emocional no evita el conflicto -distinto del acoso escolar-, pero sí se aprende a gestionarlo.

Imaginemos un niño de, aproximadamente, un año o un año y medio, que está empezando a caminar. No está totalmente equilibrado, no lo sabe hacer del todo bien, y a veces se cae. Nadie pensaría que es un error por la sencilla razón de que está aprendiendo. María detiene su explicación y lanza una nueva pregunta: “¿Y qué están haciendo los niños en la escuela?”. Aprendiendo. Y no solo el contenido de las materias, sino también de la vida, de lo social, de las normas.

“Reprenderles para lo único que sirve es para juzgarles, para culpabilizarles… Si hablamos de guiar, de enseñar, de indicar, y además les mostramos que tienen un espacio, un lugar, una voz, un voto, les enseñamos muchísimas cosas”, afirma.

La idea de poner un límite, dice Álvaro Rodríguez, maestro de El Puente Azul, no es que un adulto imponga, sino que guíe a los niños, que realmente no saben porque están aprendiendo.

Álvaro Rodríguez nunca pierde la sonrisa de su rostro. Estudió magisterio, pero jamás había ejercido como maestro hasta que vio cómo sus dos hijos evolucionaban en la escuela Waldorf. Allí encontró la vocación, vio el trasfondo que tenía y empezó a formarse como maestro Waldorf.

conflicto.png

“Los actos tienen consecuencias”

Thurit Armbruster

Durante la parte rítmica un niño ha llamado tontorrón a otro. Álvaro se ha ausentado para hablar con el menor responsable de este acto y, posteriormente, con el niño perjudicado. “Si se desvían de los límites que marcamos pueden adquirir una conducta inadecuada cuando es adulto”, advierte el maestro. Cuando se pone un límite el niño se sentirá seguro porque sabe hacia dónde debe dirigirse, “eso es importante desde el punto de vista emocional”.

La directora del centro, Thurit, además matiza que los límites puestos de forma asertiva tienen mucho amor detrás y compromiso hacia esa persona. “Le estás mostrando un camino y ayudándole a encontrar soluciones para que, cuando sea adulto, tenga herramientas para que pueda manejarse emocional y socialmente”, asevera.

En la pedagogía Waldorf no se utiliza la palabra “castigo”. Los menores han de tener presente que los actos tienen consecuencias. El conflicto forma parte de la vida, y si es común en el entorno adulto, entre los niños puede suceder con mayor frecuencia.

Thurit explica que cuando hay un problema entre los niños hablan con los alumnos implicados, como parte de la escucha activa, y les hacen partícipes de las posibles consecuencias que puedan tener sus actos. Estas pueden ser, por ejemplo, cuidar de un compañero o ayudar en la clase de infantil. “Desde esa escucha activa, donde uno escucha al otro y viceversa, hay un ejercicio de ver al otro, verse uno mismo, y en ese momento, muchas veces ya surge el pedir disculpas”, aclara.

Para los niños el profesor es un referente y la psicóloga María San Miguel considera que es “importante que no pasen de puntillas por delante de ellos, sino que realmente durante ese curso se impliquen, que el niño sepa que pueden estar ahí”. La psicóloga explica cuáles son los puntos clave a la hora de poner límites: confianza con el niño, predicar con el ejemplo, no recurrir a las humillaciones en público, darle voz y pactar una solución. 

IMG_5479-01_1669563168063.png

La huella emocional en la vida adulta

Verlo todo a través de unas gafas grises

La exigencia y el entorno social de “no encajar” dejan una huella emocional profunda, que acompañará a la persona durante toda la vida. “Veo adultos cuyas experiencias en el colegio les han afectado y vemos las consecuencias a día de hoy”, asegura la psicóloga María San Miguel.

La ansiedad en menores tiende a generar en un futuro estados ansioso-depresivos. La niñez es esencial, es la etapa donde se comienza a construir la propia identidad. Si la autopercepción se ve delimitada en un entorno tan específico como puede ser un aula -que un niño interpreta como el mundo entero- construirá su identidad en la línea de lo que haya vivido. María comenta que se termina viendo todo desde una distorsión cognitivo-emocional, como si se llevaran los ojos cubiertos con unas gafas grises. “Nos podemos sentir poco libres, todo nos afecta demasiado, nos volvemos especialmente sensibles al entorno, a los estímulos, me siento poca cosa, siento que la sociedad no me aprueba, no soy lo suficientemente bueno…”, explica. 

INFO

Fray A. Alcalde 10,

44100 Guad., MX

info@misitio.com

+52-1-33-12345678

También puedes contactarnos con este formulario:

¡Gracias por tu mensaje!

RECIBIR  CORREOS

¡Gracias por suscribirte!

© 2023 Creado por Nombre del sitio con Wix.com

bottom of page